Terapia con sonido

Paloma Rivaya mantiene una vinculación continuada con la música desde la infancia, inicialmente a través del piano. Hace más de 25 años inició un recorrido formativo y de exploración clínica a partir de su contacto con la kinesiología holística. La experiencia posterior como paciente con esta metodología contribuyó a consolidar su enfoque de trabajo: lectura clínica del cuerpo, identificación de respuestas y acompañamiento dentro de un marco de seguridad.

Desde la premisa de que cada persona presenta necesidades y respuestas singulares, orienta su práctica a la observación de patrones y a la regulación del sistema en un contexto de atención estructurada. En este marco se formó como terapeuta craneosacral biodinámica, disciplina centrada en la escucha clínica y en la creación de un entorno protegido para que el organismo pueda priorizar procesos, reconocer límites y favorecer la autorregulación. La intervención se ajusta a la indicación y a la tolerancia del paciente, con especial atención a la seguridad y a la adecuación del abordaje.

Su formación en kinesiología se apoya en una aproximación integradora, orientada a comprender la interacción entre factores físicos, metabólicos y psicoemocionales. En su práctica, estas dimensiones se consideran de forma coordinada para delimitar objetivos realistas y clínicamente pertinentes. Con el tiempo, ha focalizado su trabajo en ámbitos como hábitos alimentarios, posibles intolerancias, equilibrio emocional y el uso del sonido como herramienta terapéutica basada en vibración, siempre en el marco de una evaluación previa y con criterios de prudencia clínica.

Desde hace seis años imparte sesiones de Chi Kung, tanto individuales como grupales. La intervención se estructura mediante movimientos guiados, respiración y atención sostenida, con objetivos de regulación y soporte funcional. La participación se determina según indicación, estado clínico y capacidad de ejecución, con adaptaciones cuando procede.

En el trabajo con sonido terapéutico utiliza instrumentos como gongs, cuencos y otros dispositivos de vibración. Las sesiones se orientan a facilitar relajación profunda y a apoyar la modulación de la respuesta al estrés, con un encuadre profesional que prioriza la seguridad, la contención y la monitorización de la respuesta del paciente. Cuando está indicado, el abordaje puede integrarse como complemento dentro de un plan de atención, sin sustituir evaluación médica ni tratamientos clínicos establecidos.