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Recuperación de la adicción, cerebro y apoyo familiar: mi conversación con Enrique Balasch Torres
Con Enrique Balasch Torres
Enrique Balasch Torres conversa con Abdullah Boulad sobre la recuperación, el deseo intenso de consumir y las recaídas, el apoyo familiar, la intervención y las ideas de la neurociencia planteadas en el tratamiento de adicciones.

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Recuperación de la adicción, cerebro y apoyo familiar: mi conversación con Enrique Balasch Torres
Enrique Balasch Torres
En esta conversación
El relato de Enrique sobre su paso del consumo de sustancias a la recuperación y, más adelante, al trabajo en adicciones.
La diferencia entre la experiencia personal, la observación clínica y los conocimientos consolidados de la neurociencia.
Cómo el deseo intenso de consumir, los estímulos asociados al consumo y el aprendizaje por recompensa pueden hacer que el riesgo de recaída se perciba como algo muy poderoso.
Más temas
- Por qué la vergüenza y la negación pueden complicar los intentos de cambiar.
- Cómo los familiares pueden apoyar a alguien sin asumir la responsabilidad de su recuperación.
- El papel de la evaluación profesional, el tratamiento y las intervenciones cuidadosamente planificadas.
El invitado
Enrique Balasch Torres
Enrique Balasch Torres es especialista en adicciones y terapeuta conductual. Su biografía profesional recoge un máster en drogodependencias por la Universidad de Barcelona y experiencia en terapia de grupo, terapia conductual y tratamiento de adicciones. THE BALANCE también lo ha presentado como su responsable de terapia de adicciones. En esta conversación, Enrique habla abiertamente sobre su propia historia de adicción y recuperación. Lea su biografía profesional y las notas oficiales y la transcripción del episodio.
Del presentador
Reflexiones sobre la conversación
Lo que más me hizo reflexionar de esta conversación
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Lo que más me hizo reflexionar fue la insistencia de Enrique en que la recuperación no es simplemente una prueba de fuerza de voluntad. Describe un periodo en el que las sustancias se habían entrelazado con el alivio, la identidad y la toma de decisiones cotidiana, seguido de un proceso de recuperación que requirió ayuda de otras personas, en lugar de otro intento de gestionarlo todo solo.
También creo que es importante separar la fuerza emocional de ese relato de las afirmaciones universales. La recuperación de una persona puede ser significativa sin convertirse en un modelo para todo el mundo. La adicción es heterogénea y el nivel de atención adecuado depende de la sustancia implicada, el riesgo médico, los trastornos concurrentes, las circunstancias sociales y la propia persona.
De consumir para aliviarse a elegir la recuperación
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Enrique sitúa el inicio de su consumo de sustancias en la adolescencia y describe cómo el alcohol reducía inicialmente el miedo y el malestar social. Con el tiempo, explica, el alcohol y otras drogas fueron adquiriendo un papel cada vez más central en su forma de regular estados internos difíciles. Relata periodos en los que reducía el consumo, volvía a consumir e intentaba recuperar el control, hasta llegar finalmente a un punto en el que las consecuencias le parecieron imposibles de ignorar.
Su relato es una historia personal, no un modelo diagnóstico. Las personas desarrollan trastornos por consumo de sustancias por múltiples razones que interactúan entre sí, como la vulnerabilidad biológica, el aprendizaje, el entorno, la exposición a experiencias traumáticas, los síntomas psiquiátricos y el acceso a sustancias. Ningún relato explica todos los casos.
El deseo intenso de consumir, el aprendizaje por recompensa y el cerebro
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Una parte importante de nuestra conversación gira en torno al sistema de recompensa del cerebro. Enrique describe la intensidad de la anticipación y del deseo de consumir provocado por estímulos: los lugares, las personas, las imágenes o las rutinas asociados al consumo previo pueden convertirse en potentes desencadenantes, incluso cuando la propia sustancia ya no produce la misma experiencia.
Esta idea general es coherente con los modelos actuales de la adicción, que reconocen cambios en el aprendizaje por recompensa, la motivación, los hábitos y el control ejecutivo. El episodio también incluye afirmaciones más amplias sobre la dopamina, la sensibilidad, la homeostasis y la neuroplasticidad. Estas cuestiones deben entenderse como parte del debate, no como una lección completa de neurociencia ni como prueba de que todas las personas con adicción presentan el mismo perfil cerebral subyacente.
Negación, vergüenza y el problema de juzgarse a uno mismo
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Enrique describe la negación y la minimización como obstáculos recurrentes en el tratamiento. También habla de la vergüenza: la persona puede reconocer el daño causado por su conducta y aun así volver a consumir, para después elaborar explicaciones que reduzcan el dolor emocional inmediato de lo sucedido.
Para mí, la distinción útil es la que existe entre responsabilidad y humillación. La recuperación puede implicar afrontar directamente las consecuencias, pero la vergüenza por sí sola no proporciona un plan de tratamiento. Una atención eficaz puede incluir atención médica, psicoterapia, apoyo conductual, apoyo entre iguales, trabajo con la familia y atención a la vivienda, el trabajo y otras condiciones prácticas.
Cómo pueden ayudar las familias sin convertirse en el sistema de tratamiento
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Cuando hablamos de las familias, Enrique describe un dilema frecuente: quienes quieren a alguien con una adicción pueden hacerse cargo repetidamente de las consecuencias, aportar dinero o intentar estabilizar las crisis. Estas acciones pueden surgir del miedo y del afecto, pero también pueden dejar a los familiares exhaustos y sin saber dónde termina el apoyo y dónde empieza la facilitación del consumo.
Su recomendación práctica es informarse y buscar apoyo externo. Los familiares pueden aprender sobre el trastorno, establecer límites, proteger su propia seguridad y buscar orientación profesional. No pueden garantizar la recuperación de otra persona, y los riesgos urgentes, como una sobredosis, un síndrome de abstinencia grave, el riesgo de suicidio o la violencia, requieren servicios de urgencias o atención médica adecuados, en lugar de una confrontación dirigida por la familia.
Intervenciones: claridad sin castigo
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Enrique sostiene que una intervención debe ser un acto de cuidado, no una oportunidad para culpar o avergonzar. Destaca la importancia de un mensaje claro y coherente por parte de personas en las que se confía y recomienda contar, siempre que sea posible, con apoyo profesional experimentado, especialmente cuando la situación es inestable o médicamente compleja.
Las intervenciones no son adecuadas en todos los casos ni sustituyen a una evaluación clínica. El enfoque más seguro depende de la sustancia, el riesgo de abstinencia, el estado mental, los antecedentes de violencia o autolesión y las opciones de tratamiento realmente disponibles. Un profesional cualificado en adicciones puede ayudar a una familia a decidir si una intervención es adecuada y cómo planificarla de forma segura.
La recuperación en presente
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Hacia el final de nuestra conversación, Enrique vuelve a una idea deliberadamente sencilla: centrarse en el siguiente paso viable. Describe cómo mantiene el contacto con las personas después del tratamiento y aborda el riesgo de recaída como algo que requiere atención continuada, en lugar de interpretarlo como prueba de que todos los avances han desaparecido.
Lo entiendo como una forma práctica de humildad. La recuperación puede implicar tomar decisiones de manera reiterada, recibir apoyo y hacer ajustes a lo largo del tiempo. El episodio no promete un camino fácil, pero sí rechaza la desesperanza.
La transcripción completa
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