Ativan es una marca de lorazepam, un medicamento de la familia de las benzodiazepinas. Puede ser útil cuando se prescribe para una indicación adecuada, pero también conlleva riesgos de sedación, dependencia física, uso indebido y adicción. Necesitar ayuda con un medicamento recetado es un problema de salud, no una falta moral.
Cómo actúa el lorazepam
El lorazepam potencia la acción del GABA, un mensajero químico inhibidor del cerebro. Sus efectos calmantes y sedantes explican tanto sus usos terapéuticos como riesgos tales como la disminución del estado de alerta, las alteraciones de la coordinación y los problemas de memoria.
La indicación depende del producto y de la vía de administración. El tratamiento oral se utiliza habitualmente para la ansiedad intensa y las dificultades de sueño relacionadas; otras formulaciones tienen usos específicos en entornos médicos. Una inyección administrada durante una atención de urgencia no es intercambiable con una prescripción de comprimidos. Siga las instrucciones del producto que le hayan recetado.
La tolerancia, la dependencia física y la adicción son diferentes
- La tolerancia significa que algunos efectos se vuelven menos perceptibles con la exposición repetida. No aumente la dosis por su cuenta como respuesta a ello.
- La dependencia física es una adaptación al uso repetido. Pueden aparecer síntomas de abstinencia cuando se reduce una dosis demasiado rápido o se interrumpe el tratamiento. Puede desarrollarse aunque el tratamiento se siga exactamente según lo prescrito.
- La adicción implica un patrón que puede incluir dificultades para controlar el consumo y su continuación pese a daños significativos. La dependencia física por sí sola no demuestra que exista una adicción.
No existe un número fijo de dosis ni un momento universal en el que comience la adicción. La dosis, la duración, otras sustancias y la salud y las circunstancias de cada persona influyen en el riesgo. El profesional que prescribe debe revisar los beneficios y los daños a lo largo del tratamiento, incluido si los síntomas originales se están tratando de forma eficaz.
Señales que requieren una revisión del tratamiento farmacológico
Contacte con el profesional que prescribe si toma más de lo acordado, se queda sin medicamento antes de tiempo, utiliza el de otra persona, siente que no puede controlar el consumo o continúa pese a sufrir caídas, alteraciones de la capacidad para conducir u otros daños. La aparición de ansiedad o problemas de sueño entre dosis puede tener varias explicaciones, como la abstinencia o la reaparición del trastorno original. Una evaluación es más útil que intentar autodiagnosticarse con una lista de síntomas.
Efectos secundarios y combinaciones peligrosas
Durante el uso según prescripción pueden aparecer somnolencia, mareos, debilidad y dificultades de memoria o coordinación. Comunique los efectos que interfieran en la vida diaria. No conduzca ni maneje maquinaria si sus capacidades están afectadas. Las personas mayores y quienes tienen trastornos respiratorios pueden necesitar especial precaución.
El alcohol, los opioides y otros medicamentos sedantes pueden aumentar el riesgo de sedación profunda y de una respiración peligrosamente lenta. Evite el alcohol mientras tome lorazepam e informe a todos los profesionales sanitarios que le atienden de cada medicamento o sustancia que utilice. No añada un somnífero ni otro sedante para controlar los síntomas sin asesoramiento.
Llame a los servicios de emergencias si se produce respiración lenta o anormal, un colapso, una convulsión o dificultad para despertar a alguien. Ante una posible sobredosis, solicite asesoramiento inmediato a un servicio de información toxicológica o de urgencias médicas, incluso antes de que aparezcan síntomas graves. Tenga a mano el envase del medicamento y siga las instrucciones del operador de emergencias.
Cómo dejar el lorazepam de forma segura
No interrumpa bruscamente el uso regular de lorazepam ni reduzca considerablemente la dosis sin orientación médica. La abstinencia de benzodiazepinas puede incluir ansiedad, insomnio, temblores y alteraciones de la percepción; entre las reacciones graves pueden figurar convulsiones o síndrome confusional agudo (delirium). Los síntomas no demuestran que la persona tenga una adicción.
La reducción gradual debe acordarse con el profesional que prescribe y ajustarse según la respuesta. Entre los factores relevantes se encuentran la dosis actual, la duración del tratamiento, las dificultades previas durante la retirada, otros medicamentos y el trastorno que se está tratando. No hay una pauta única adecuada para todo el mundo, y no puede predecirse con certeza que la abstinencia termine en un día concreto.
Informe al profesional que le atiende de cualquier síntoma nuevo o que empeore durante una reducción. Podrá evaluar la abstinencia, la reaparición de la ansiedad o del insomnio y otras posibles causas, y después adaptar el plan. La persona debe saber con quién contactar entre consultas. Los síntomas graves o los problemas de seguridad inmediatos requieren una evaluación urgente.
Tratamiento cuando el consumo se ha vuelto problemático
La atención puede combinar una revisión del tratamiento farmacológico, cambios supervisados de dosis cuando proceda, apoyo psicológico y tratamiento del problema original de ansiedad o sueño. Las personas que consumen varias sustancias o presentan complicaciones médicas o psiquiátricas graves pueden necesitar un entorno de atención más intensiva. La atención residencial es una posible opción tras una evaluación, no un requisito automático por presentar dependencia física.
El apoyo de personas de confianza puede ayudar, con el consentimiento de la persona, pero la recuperación no depende de tener una estructura familiar determinada. La ayuda práctica con las citas, un plan de medicación por escrito y una comunicación sin juicios pueden facilitar el acceso a la atención y su seguimiento.


