La complacencia es un término informal que describe el intento de reducir los conflictos o buscar seguridad agradando a otra persona, dándole la razón o cuidándola, a veces con un coste personal considerable. Puede utilizarse para describir conductas como disculparse de forma automática, ocultar el desacuerdo o sentirse responsable del estado de ánimo de otra persona.
El término puede ser útil para describir una experiencia. No es un diagnóstico ni una prueba que determine si alguien ha vivido un trauma. Conductas similares pueden desarrollarse por distintas razones, y ser una persona considerada o decidir evitar una discusión concreta no constituye necesariamente un problema.
¿Cómo puede manifestarse la complacencia?
Las preguntas importantes son si siente que puede elegir cómo responder, si la situación es segura y qué coste tiene este patrón en su vida. Algunos ejemplos que conviene explorar son:
- Aceptar peticiones antes de valorar si dispone del tiempo, la energía o las ganas de ayudar.
- Disculparse sin haber hecho nada malo porque el desagrado de otra persona se percibe como una amenaza.
- Cambiar las opiniones que expresa para evitar el rechazo, incluso en relaciones en las que debería ser seguro discrepar.
- Asumir la responsabilidad de calmar a alguien que le intimida, le amenaza o le hace daño.
- Tener dificultades para identificar sus propias preferencias después de haber pasado mucho tiempo anticipando los deseos de los demás.
Estos ejemplos son puntos de partida para la reflexión. Contabilizarlos no permite determinar si existen antecedentes de trauma, un trastorno de la personalidad u otro problema de salud mental.
¿Es la complacencia una respuesta al trauma?
Apaciguar a alguien puede ser una forma de sobrellevar una situación insegura. Quien haya sufrido violencia, ira impredecible o castigos por expresar sus necesidades puede reconocer este patrón. En una situación de maltrato, acceder a lo que exige la otra persona puede ser una decisión de supervivencia; no hace a la persona responsable de lo ocurrido.
Sin embargo, las descripciones de un conjunto fijo de cuatro respuestas, a menudo denominadas lucha, huida, inmovilización y complacencia, simplifican una variedad de reacciones mucho mayor. La complacencia no es un trastorno independiente reconocido, y la necesidad de agradar no demuestra por sí sola la existencia de un trastorno de estrés postraumático o un TEPT complejo.
La evaluación del TEPT tiene en cuenta un patrón más amplio, que incluye el acontecimiento traumático, la reexperimentación, la evitación y los cambios en la activación, el estado de ánimo o el pensamiento, junto con su duración e impacto. La descripción del TEPT del NHS explica por qué una sola conducta en las relaciones no permite establecer el diagnóstico. Las experiencias de trauma infantil también varían mucho, y no todas las personas expuestas a un trauma desarrollan TEPT.
Otras razones por las que alguien puede evitar los conflictos
Conviene tener en cuenta el contexto antes de aplicar una etiqueta. La dependencia económica, las diferencias de poder en el trabajo, las expectativas culturales, las responsabilidades de cuidado o un miedo concreto al rechazo pueden dificultar decir que no. Algunas personas quieren ayudar y solo más tarde se dan cuenta de que sus compromisos las están agotando. Estas posibilidades requieren interés por comprender a la persona y su situación, en lugar de suposiciones sobre motivos ocultos o un diagnóstico determinado.
Una evaluación profesional puede ser útil cuando la ansiedad, el bajo estado de ánimo, los síntomas relacionados con el trauma o las dificultades en las relaciones son persistentes. Un profesional clínico puede explorar qué mantiene este patrón y si existe otro trastorno que requiera tratamiento.
Desarrollar la capacidad de elegir y establecer límites en relaciones seguras
Empiece por una situación en la que sea poco probable que discrepar le ponga en riesgo. Puede practicar diciendo: «Déjame pensarlo y te respondo», en lugar de aceptar de inmediato. Después, pregúntese qué quiere, qué es realista y qué teme que pueda ocurrir si responde con sinceridad.
Los límites pequeños y concretos suelen ser más fáciles de practicar que los cambios radicales: «Puedo ayudar durante media hora» o «Esta tarde no tengo disponibilidad». No es necesario revelar antecedentes de trauma para justificar un límite cotidiano. Observe si la otra persona puede aceptar una negativa respetuosa, aunque le decepcione.
Puede ser útil anotar sus preferencias antes de una conversación o ensayar con alguien de confianza. Sentir culpa después de establecer un límite no significa, por sí solo, que el límite fuera inadecuado. Progresar puede consistir en tener más opciones y sacrificarse menos de forma automática, en lugar de no sentir nunca incomodidad.
Cuando la seguridad es lo primero
Si otra persona recurre a amenazas, intimidación, vigilancia, control económico o violencia, la confrontación directa puede aumentar el peligro. Un ejercicio para establecer límites no sustituye a la planificación práctica de la seguridad. Si es posible, contacte con un servicio local de atención a víctimas de violencia doméstica mediante un dispositivo o un canal de comunicación seguro. La guía del NHS sobre violencia doméstica describe formas de buscar ayuda. Recurra a los servicios de emergencia locales si alguien está en peligro inmediato.
El maltrato debe abordarse por lo que es. No es necesario diagnosticar a la otra persona como narcisista, y la responsabilidad del maltrato recae en quien decide ejercerlo. Los niños nunca son responsables de impedir el comportamiento abusivo de un adulto.
En qué puede consistir el apoyo profesional
La terapia puede ayudar a comprender situaciones recurrentes, reconocer sentimientos y preferencias, y practicar la comunicación a un ritmo que resulte manejable. Acuerde objetivos como reducir el agotamiento, tomar decisiones con mayor libertad o desarrollar relaciones más seguras. No existe un único tratamiento para lo que se denomina informalmente complacencia.
Si la evaluación identifica un TEPT, las opciones basadas en la evidencia incluyen la terapia cognitivo-conductual centrada en el trauma y, cuando proceda, la desensibilización y el reprocesamiento por movimientos oculares. La guía de NICE sobre el TEPT expone las opciones de tratamiento y la importancia de adaptar la atención a las necesidades de la persona. El trabajo terapéutico sobre el trauma no debería exigir recuperar supuestos recuerdos ocultos ni aceptar una explicación que no encaje con la propia experiencia.


