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Baja autoestima: causas y soluciones

La autoestima no es sinónimo de confianza en uno mismo. La autoconfianza es la creencia de una persona en sus capacidades en un ámbito concreto de la vida, no una medida objetiva de su competencia. Una persona puede confiar mucho en sus propias habilidades y, aun así, tener baja autoestima.

Revisado clínicamente porDr. Sarah Boss, MD
Residencia de piedra con piscina, césped y palmeras

La autoestima se refiere a cómo nos vemos y nos valoramos.

Aunque todos nos criticamos de vez en cuando,  si suele pensar mal de sí mismo o evaluarse de forma crítica, puede tener baja autoestima. Aunque quizá no pueda identificar el origen de su baja autoestima, hay medidas que puede tomar para fortalecerla.

La autoestima no es sinónimo de confianza en uno mismo. La autoconfianza es la creencia de una persona en sus capacidades en un ámbito concreto de la vida, no una medida objetiva de su competencia. Una persona puede confiar mucho en sus propias habilidades y, aun así, tener baja autoestima. Adquirir confianza en un ámbito determinado de la vida no siempre se traduce en un aumento de la autoestima.

La baja autoestima puede incluir las siguientes experiencias. No constituyen una lista de criterios diagnósticos y también pueden deberse a otros motivos:

  • Expresar sentimientos negativos y criticarse
  • Hacer comentarios despectivos sobre uno mismo
  • Centrarse en las propias carencias y olvidar los logros
  • Culparse cuando las cosas salen mal
  • Creer que los demás son superiores
  • Creer que no se merece disfrutar
  • Negarse a aceptar elogios
  • Evitar las dificultades por miedo al fracaso
  • Sentir un malestar especialmente intenso ante el rechazo o las críticas
  • Sentir tristeza, depresión, ansiedad, vergüenza, ira o falta de valía personal

La autoestima se desarrolla durante la infancia y la adolescencia y puede seguir cambiando a lo largo de la edad adulta. Las experiencias y las relaciones pueden influir en cómo se ve a sí mismo, pero no determinan un nivel fijo de valía personal.

Los acontecimientos de la infancia pueden influir de forma duradera en cómo se percibe a sí mismo, pero sus efectos no son necesariamente permanentes. Si de pequeño no recibió el cuidado o la consideración adecuados, esto puede manifestarse en sentimientos de insignificancia en la edad adulta. Si sus padres tienen baja autoestima, puede imitar su comportamiento sin darse cuenta.

Las personas que nos cuidan influyen considerablemente en cómo interpretamos el mundo y, por tanto, en nuestra autoestima. Desde una edad temprana, comenzamos a construir relatos sobre lo que nos ocurre para afrontar distintas situaciones y llenar los vacíos de información.

El racismo, la discriminación de clase, la misoginia y el privilegio blanco son influencias culturales que pueden afectar a la idea que tenemos de nosotros mismos. Estas estructuras de poder nos afectan de diversas maneras, desde una representación insuficiente en los medios de comunicación hasta el acoso en el patio escolar o las microagresiones de docentes y vecinos. Aunque muchas personas pueden soportar estos tipos de discriminación manteniendo su autoestima, no es así en todos los casos.

Diversos factores del entorno pueden influir en nuestra autoestima:

  • Recibir críticas frecuentes de padres, educadores y otros adultos importantes durante la adolescencia.
  • Padres o cuidadores negligentes o poco implicados
  • Acoso
  • Problemas de salud, tanto física como mental
  • Circunstancias vitales adversas
  • Traumas relacionados con la traición o el maltrato

También debemos recordar que los adultos pueden tener baja autoestima. Sea cual sea nuestra edad, los cambios vitales importantes, como el final de una relación significativa o la aparición de una enfermedad física, pueden afectar a nuestro sentido de valía personal.

La personalidad y los patrones de pensamiento también pueden influir. Algunas personas son más propensas a la autocrítica o se imponen exigencias muy elevadas; esto no significa que su autoestima no pueda cambiar.

La autoestima infantil sigue trayectorias diferentes; su descenso durante la preadolescencia no es inevitable. Las relaciones, las expectativas y las experiencias difíciles pueden afectar a cómo se sienten los niños consigo mismos.

Comparaciones con los demás

Durante los años escolares, los niños pueden comparar cada vez más sus capacidades y logros con los de sus compañeros.

Esta nueva comparación social está motivada por factores tanto sociales como cognitivos.

El psicólogo Erik Erikson describió una etapa teórica de la infancia denominada «laboriosidad frente a inferioridad»: desarrollar un sentido de competencia en lugar de sentirse incapaz. Se trata de una teoría del desarrollo, no de una regla que prediga la autoestima de todos los niños.

Sensación de incapacidad

Algunos niños se sienten incapaces cuando creen que les va peor que a sus compañeros de clase. Tener dificultades con una tarea no conduce necesariamente a una baja autoestima. Su impacto puede depender de la importancia que la actividad tenga para el niño, de cómo interprete la experiencia y del apoyo que reciba.

Aumento de las exigencias de rendimiento

Algunos niños experimentan una creciente presión por su rendimiento que les genera estrés durante la preadolescencia.

Las expectativas en casa y en la escuela pueden cambiar a medida que los niños crecen. Algunos jóvenes sienten presión por rendir o se sienten comparados con otros. Los comentarios de apoyo pueden reconocer el esfuerzo y el progreso sin hacer que la valía del niño dependa de los resultados.

Percepción de críticas por parte de los demás

Las críticas de padres, docentes o entrenadores pueden afectar a la autoestima de un joven, pero su respuesta no depende únicamente de si aprecia o respeta a ese adulto. La relación, los comentarios recibidos y el apoyo disponible son importantes. Los padres y otros adultos de confianza pueden ayudar a los niños a afrontar los contratiempos sin juzgar su valía global como personas.

Acoso

Lamentablemente, los docentes y los padres pueden no ser las únicas personas capaces de dañar el sentido de valía personal de un niño. El acoso por parte de otros niños, ya sea en la escuela o en el patio, puede influir considerablemente en cómo se siente consigo mismo.

Aunque la aceptación, el amor y el apoyo de los padres son los principales componentes de una buena autoestima en los primeros años de vida, la aprobación de los compañeros cobra cada vez más importancia a medida que crecemos. El miedo a no «encajar», a sufrir acoso por el color de piel, el origen étnico, la religión, el género o el comportamiento social es una fuente importante de baja autoestima en etapas tempranas. El acoso puede debilitar la confianza y la autoestima, pero las respuestas varían y las relaciones de apoyo pueden ayudar.

Trauma en la infancia

En sus formas más graves, el trauma infantil, como el maltrato físico y el abuso sexual, las catástrofes naturales, las enfermedades graves o la pérdida de un ser querido, puede contribuir a una baja autoestima. Estas experiencias pueden afectar al sentido de seguridad y confianza del niño, aunque las reacciones varían. Algunos niños que sufren maltrato se culpan a sí mismos o son culpados injustamente por otras personas. El maltrato nunca es culpa del niño.

El apoyo psicológico y la terapia cognitivo-conductual pueden ayudar a abordar la baja autoestima. Esta también puede presentarse junto con una depresión, que requiere su propia evaluación. Las psicoterapias para la depresión respaldadas por la evidencia incluyen la terapia cognitivo-conductual y la terapia interpersonal; sus beneficios no dependen de asumir que las heridas de la infancia sean la causa.

Las relaciones con los cuidadores pueden influir en la autoestima. La negligencia persistente, las críticas severas o los comportamientos dañinos de padres o cuidadores pueden contribuir a una baja autoestima, pero los resultados varían y las dificultades no continúan inevitablemente en la edad adulta. El recurso enlazado aborda las prácticas de crianza dañinas o controladoras; el maltrato no establece un diagnóstico de trastorno de la personalidad.

Padres poco implicados o negligentes

Los niños necesitan atención, orientación y cuidados constantes. Las presiones familiares, incluidos los problemas de salud mental o de consumo de sustancias no tratados, a veces pueden dificultarlos. El diagnóstico de un progenitor o el tiempo que pasa fuera de casa no demuestran por sí solos que exista negligencia; el apoyo práctico y la presencia de otros adultos atentos pueden ayudar a las familias a atender las necesidades de los niños.

Compañeros con una influencia negativa

Formar parte de un círculo social que menosprecia a los demás mediante el desprecio, la influencia del grupo y el acoso puede hacer que las personas sientan que hay algo malo en ellas y que son culpables. Estas prácticas negativas pueden volverse perjudiciales con el tiempo y erosionar la autoestima.

Trauma

El maltrato, ya sea emocional, físico, sexual o una combinación de estos, suele generar sentimientos de vergüenza y culpa. Un niño puede creer que hizo algo para merecer el maltrato o que no merecía el respeto, el afecto y los cuidados de quien lo maltrataba. Los adolescentes que han sufrido maltrato también pueden experimentar una intensa ansiedad y tristeza, que pueden perjudicar su capacidad para llevar una vida satisfactoria.

Imagen corporal

La imagen corporal puede influir en la autoestima de adolescentes de cualquier género.

La pubertad y los ideales de apariencia poco realistas de los medios de comunicación pueden contribuir a la insatisfacción corporal. Restringir la alimentación, provocarse el vómito o usar laxantes de forma indebida para controlar el peso puede ser perjudicial y requiere la evaluación de un profesional sanitario. Estas conductas no deben considerarse una forma habitual de hacer dieta en la adolescencia.

Las preocupaciones por la imagen corporal pueden relacionarse con el peso, la forma del cuerpo o la musculatura y pueden afectar a personas de cualquier género. La valía de una persona no está determinada por su apariencia.

Los siguientes ejemplos ilustran cómo la baja autoestima puede afectar a sus relaciones:

No expresar las propias necesidades

Si tiene baja autoestima, puede resultarle difícil pedir ayuda a los demás. Quizá le preocupe causar molestias o ser una «carga». A algunas personas les cuesta pedir apoyo incluso cuando lo necesitan. Sin embargo, optar por ayuda remunerada no indica por sí solo una baja autoestima.

Sensibilidad

Las personas con baja autoestima pueden reaccionar emocionalmente ante las críticas constructivas o las peticiones sencillas. Por ejemplo, puede sentirse ignorado o herido si su pareja pide algo de «tiempo a solas». Sentirse rechazado puede dificultar la comunicación, pero la baja autoestima no hace que una respuesta agresiva sea inevitable ni aceptable. Las relaciones y la autoestima pueden influirse mutuamente con el tiempo.

Inseguridad y envidia. La baja autoestima puede manifestarse en una relación en forma de envidia e inseguridad. Puede dudar de que merezca el afecto de su pareja o tener dificultades para creer que usted realmente le gusta a su pareja. Algunas personas temen el rechazo o el abandono, pero estos miedos no permiten saber lo que su pareja siente o pretende.

Dificultad para ser uno mismo

En las relaciones, la baja autoestima puede dificultar mostrarse tal como uno es. Puede dedicar mucho tiempo y esfuerzo a intentar resultar agradable o atractivo. Por ejemplo, quizá se esfuerce especialmente por entretener a los demás o resultar interesante. O tal vez intente constantemente lucir su mejor aspecto.

Decisiones perjudiciales en las relaciones

La baja autoestima puede influir en la elección de pareja o de amistades. Puede dificultar la expresión de sus necesidades o el establecimiento de límites. Por ejemplo, puede optar por permanecer con su pareja pese a que su pareja no le ame. También puede tolerar conductas hirientes de una amistad y culparse por sus reacciones. El comportamiento abusivo de otra persona no es culpa suya. Si no se siente a salvo, busque apoyo confidencial; ante un peligro inmediato, solicite ayuda a los servicios de emergencia locales.

La baja autoestima puede afectar a su bienestar mental. Cuestionar las creencias negativas sobre sí mismo y buscar apoyo cuando sea necesario puede ayudar. Aunque mejorar la autoestima lleva cierto tiempo, hay algunas medidas que puede tomar para proteger su salud mental mientras trabaja en ello. Entre las cosas que pueden ayudar se encuentran las siguientes:

Centrarse en pensamientos positivos

Dedique un tiempo cada día a centrarse en pensamientos optimistas y agradables. Reconozca las pequeñas cosas que se le dan bien y permítase sentir gratitud por ellas. Recuerde momentos del pasado en los que superó adversidades y tenga presente que, aunque ahora no se encuentre en su mejor momento, tiene la capacidad y la fortaleza para salir adelante.

Cuidarse

A veces, la baja autoestima puede hacerle sentir que no merece atención ni respeto. Recuérdese una y otra vez que necesita cuidados y busque formas, grandes o pequeñas, de tratarse con compasión. Dedique tiempo a una actividad que disfrute. Permítase momentos de relajación y descanso.

Buscar apoyo externo

Hable de sus dificultades con alguien que le brinde apoyo, como un amigo de confianza, un familiar, un docente o un profesional sanitario. Si el malestar persiste, afecta a la vida cotidiana o incluye síntomas de depresión o ansiedad, solicite la evaluación de un profesional clínico cualificado. Si cree que podría hacerse daño o no puede mantenerse a salvo, busque ayuda inmediata en los servicios locales de emergencia o de atención en crisis.

Contar con una red de apoyo de personas que se preocupan por usted y quieren que se valore puede ser beneficioso mientras intenta mejorar su autoestima.

Estas son algunas sugerencias prácticas para desarrollar y fortalecer su autoestima:

  • Procure hacer algo que le ayude a sentirse bien.
  • Aumente la actividad física: se ha demostrado que el ejercicio mejora el estado de ánimo.
  • Piense en una afición a la que pueda dedicar tiempo sin aburrirse.
  • Lleve un diario de gratitud.
  • Cuestione un pensamiento negativo.
  • Pase tiempo con personas que le ayuden a confiar en sí mismo.
  • Dedique tiempo al voluntariado para ayudar a los demás.
  • Recuerde que todos cometemos errores.
  • Celebre sus logros, tanto pequeños como grandes.

Recursos

Preguntas

Preguntas frecuentes

¿Es la crianza un factor esencial para determinar la autoestima?

La crianza puede influir en la autoestima, pero no es el único factor. Los compañeros, la salud, los acontecimientos vitales, las condiciones sociales y las diferencias individuales también importan. La autoestima puede cambiar a lo largo de la vida. Los adultos pueden tomar medidas para fortalecer su sentido de valía personal, pero la baja autoestima no es un fracaso personal y algunas personas pueden necesitar ayuda.

¿Qué viene primero: los logros o la autoestima?

No existe un umbral establecido de autoestima necesario para alcanzar el éxito. Los estudios longitudinales ofrecen resultados diferentes: un estudio de 2020 con 674 jóvenes de origen mexicano encontró asociaciones en ambas direcciones entre la autoestima y las calificaciones escolares, mientras que un análisis de 2008 halló vínculos recíprocos para el autoconcepto académico, pero casi ninguno para la autoestima global. Estos hallazgos observacionales no demuestran causalidad. Apoyar el sentido de valía personal y las habilidades de aprendizaje no tiene por qué implicar que el valor de una persona dependa de sus logros.

Qué incluye
01

Contexto clínico

La información clara se contextualiza en cuadros complejos y concurrentes.

02

Factores individuales

La evaluación sigue siendo esencial porque las necesidades y los riesgos varían de una persona a otra.

03

Próximos pasos

Una conversación confidencial puede ayudar a determinar el camino más adecuado.

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