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Recurso clínico

Trastorno de masoquismo sexual

El trastorno de masoquismo sexual implica una excitación persistente ante el dolor o la humillación, junto con malestar o deterioro del funcionamiento clínicamente significativos

Revisado clínicamente porDr. Sarah Boss, MD
Residencia de piedra con piscina, césped y palmeras

El trastorno de masoquismo sexual implica una excitación persistente ante el dolor o la humillación, junto con malestar o deterioro del funcionamiento clínicamente significativos. Aunque algunas personas pueden participar en actividades masoquistas durante encuentros sexuales consentidos, este trastorno se diagnostica cuando los deseos causan malestar o interfieren en el funcionamiento cotidiano. 

Los intereses sexuales masoquistas por sí solos no constituyen un trastorno mental. La evaluación clínica distingue los intereses consentidos del malestar o deterioro asociados y tiene en cuenta la seguridad y otros problemas de salud mental. 

Las personas que experimentan malestar, dificultades en su funcionamiento o inquietudes sobre su seguridad pueden solicitar una evaluación clínica sin juicios de valor.

El masoquismo es un estado en el que una persona obtiene satisfacción sexual al sufrir o ser humillada. El término procede de Leopold von Sacher-Masoch, un escritor austríaco del siglo XIX cuyas historias se caracterizaban por representar la sumisión de hombres a mujeres. Fuera de los contextos sexuales, el término también se utiliza de manera más amplia para referirse a la obtención de placer a partir del dolor o la humillación; este uso no equivale a un diagnóstico de trastorno de masoquismo sexual.

Qué es el trastorno de masoquismo sexual

Los intereses sexuales masoquistas consentidos por sí solos no permiten establecer un trastorno mental. La Asociación Americana de Psiquiatría identifica el trastorno de masoquismo sexual como un trastorno parafílico y distingue los intereses atípicos de una afección diagnosticable. La evaluación debe considerar el malestar personal y el efecto en la vida cotidiana; el malestar basado únicamente en la desaprobación social no es suficiente [1].

Cómo se desarrolla el masoquismo

El desarrollo de los intereses sexuales masoquistas no se comprende por completo. Los intereses consentidos no demuestran antecedentes de trauma ni un trastorno mental [1, 2].

Las explicaciones basadas en el aprendizaje son hipótesis, no explicaciones establecidas de por qué una persona desarrolla estos intereses.

No debe darse por hecho que las explicaciones psicoanalíticas históricas relacionadas con la culpa o el autocastigo expliquen los intereses sexuales consentidos.

Masoquismo sexual frente a conducta masoquista

El masoquismo sexual, por su parte, es más específico, ya que implica obtener placer sexual a partir del dolor, el sufrimiento o la humillación. Puede incluir recibir azotes, latigazos, inmovilización o humillación verbal acordados de forma consensuada. Estas actividades pueden formar parte del BDSM consentido, un término que engloba las ataduras y la disciplina, la dominación y la sumisión, y el sadismo y el masoquismo. El consentimiento es esencial, y la participación por sí sola no permite establecer un trastorno [1].

Los pensamientos autocríticos y las conductas contraproducentes no sexuales no equivalen al masoquismo sexual ni constituyen pruebas de este trastorno. 

No debe suponerse que las autolesiones o la permanencia en una relación de maltrato reflejen masoquismo sexual o disfrute del maltrato. Estas situaciones requieren apoyo individualizado y una evaluación de la seguridad.

Ejemplos de conducta sexual masoquista

Una persona que experimenta masoquismo sexual puede participar voluntariamente en prácticas como las ataduras o los latigazos con una pareja que también consiente, y obtener placer sexual de ellas. Permanecer en una relación de maltrato no significa que la persona disfrute del abuso. El miedo, la coacción, los recursos limitados y las preocupaciones por la seguridad pueden dificultar que abandone la relación.

La investigación sobre la participación en BDSM debe distinguirse de la investigación sobre los intereses sexuales masoquistas y el trastorno de masoquismo sexual diagnosticado. 

Un estudio publicado en 2008 utilizó una encuesta telefónica representativa realizada en Australia en 2001–2002 entre personas de 16 a 59 años. Examinó la participación en BDSM declarada por los propios participantes, no la prevalencia del trastorno de masoquismo sexual [2].

 

En esa encuesta australiana, las personas que declararon participar en BDSM no tenían una probabilidad significativamente mayor de referir infelicidad o ansiedad. Estos hallazgos no describen una población clínica diagnosticada de trastorno de masoquismo sexual [2].

Las explicaciones propuestas no deben confundirse con causas establecidas de los intereses sexuales masoquistas o del trastorno.

Mecanismos psicológicos

Las experiencias de una persona y el significado de un interés pueden explorarse de manera individual. La participación en BDSM consentido no debe tratarse como prueba de abusos previos o daño psicológico [2].

El condicionamiento es una explicación propuesta, pero esto no demuestra que los patrones de atención o consuelo en la infancia causen intereses masoquistas en la edad adulta.

La culpa, la vergüenza o la baja autoestima, cuando están presentes, merecen una evaluación por sí mismas; no debe suponerse que expliquen un interés sexual.

Factores sociales y ambientales

El contexto social puede influir en cómo las personas comprenden o revelan sus intereses. Aquí no se ha establecido que un estilo de crianza concreto sea una causa del masoquismo sexual.

Los intereses sexuales masoquistas no permiten establecer un trastorno de personalidad específico ni implican que alguien acepte el maltrato fuera de actividades acordadas de forma consensuada.

Factores biológicos y neurológicos

Un estudio experimental de 2016 encontró cambios dependientes del contexto en las valoraciones del dolor y la actividad cerebral entre participantes con intereses masoquistas que no cumplían el criterio de malestar o deterioro del DSM-IV para el masoquismo sexual. No estableció que la sensibilidad a la dopamina fuera una causa [3].

Estos hallazgos se refieren a respuestas al dolor físico inducido experimentalmente. No muestran que el dolor físico y el emocional se procesen de forma idéntica ni establecen por qué se desarrollan los intereses sexuales masoquistas [3].

Experiencias tempranas

Las experiencias tempranas pueden explorarse durante la evaluación clínica, pero la adversidad en la infancia no establece la causa de un interés sexual ni significa que una persona busque sufrir abusos. La responsabilidad del abuso recae en quien causa el daño.

La exposición durante la infancia a relatos o contenidos que representan dolor no debe presentarse como una causa establecida de intereses sexuales masoquistas posteriores.

La evaluación considera el patrón recurrente de excitación y el malestar o deterioro clínicamente significativos. Las secciones siguientes también abordan cuestiones de seguridad y otras preocupaciones que no son, en sí mismas, criterios diagnósticos.

Excitación sexual recurrente e intensa

Fantasías persistentes: Las fantasías pueden implicar ser humillado, golpeado, atado o sometido a otras formas de sufrimiento. No tienen por qué ser involuntarias, y las fantasías por sí solas no permiten establecer un trastorno.

Impulsos sexuales: Pueden existir impulsos recurrentes e intensos. La pérdida de control no es necesaria para este diagnóstico; es preciso evaluar el malestar o deterioro asociados.

Puesta en práctica de las fantasías: La persona puede continuar practicando actividades que causan dolor, humillación o sufrimiento para obtener excitación sexual. Las conductas sexuales de riesgo requieren evaluación, pero las autolesiones o tener una pareja que ejerce maltrato no permiten, por sí solas, establecer este diagnóstico [1].

Malestar o deterioro del funcionamiento

Malestar emocional: La persona puede experimentar malestar cuando tiene sentimientos masoquistas. Puede sentir vergüenza, culpa o confusión sobre por qué le excitan el dolor o la humillación. La ansiedad, la depresión u otros problemas de salud mental pueden coexistir y requieren una evaluación independiente. El malestar derivado únicamente de la desaprobación social no debe equipararse a un trastorno [1].

Interferencia en la vida cotidiana: El trastorno puede impedir que la persona realice sus actividades cotidianas. Por ejemplo, puede tener dificultades en sus relaciones interpersonales, en el trabajo o en las interacciones sociales por estar absorta en sus fantasías masoquistas.

Problemas de pareja: Pueden surgir dificultades en la relación, pero no son inevitables. Los intereses sexuales no implican coacción, y cualquier presión, abuso o conducta no consentida requiere una evaluación de seguridad independiente.

Conductas de riesgo o perjudiciales

Autolesiones: Las autolesiones requieren evaluar su finalidad y sus riesgos inmediatos; no deben atribuirse automáticamente al masoquismo sexual. Las lesiones graves o el peligro inmediato requieren ayuda médica urgente.

Participación en situaciones peligrosas: Algunas actividades sexuales conllevan riesgos de lesión, con independencia del diagnóstico o del consentimiento. Sufrir abusos no significa que la persona los deseara o disfrutara de ellos.

Ignorar el consentimiento: No respetar el consentimiento no es una característica definitoria del trastorno de masoquismo sexual. La participación debe acordarse libremente, y el consentimiento puede retirarse.

Síntomas psicológicos

Compulsión: La conducta compulsiva o autodestructiva no es necesaria para este diagnóstico y no debe presuponerse a partir de un interés sexual. La evaluación se centra en el malestar asociado, el funcionamiento y la seguridad [1].

Fuentes preferidas de excitación sexual: Una marcada preferencia por el dolor o la humillación no permite, por sí sola, establecer un trastorno ni impide una relación sana y consentida [1].

Consideraciones adicionales

Persistencia y contexto clínico: Un profesional clínico debe evaluar la persistencia de las dificultades, su efecto en el funcionamiento y si el malestar refleja el propio interés, la desaprobación social, otra afección de salud o una situación insegura o de maltrato. Una duración o una descripción de síntomas por sí solas no deben utilizarse para el autodiagnóstico.

Actos no consentidos: Es importante comprender que el trastorno de masoquismo sexual no es lo mismo que el BDSM consentido. El trastorno requiere malestar o deterioro clínicamente significativos asociados a una excitación masoquista persistente. Los actos no consentidos no son un criterio diagnóstico alternativo. El consentimiento es esencial, pero no elimina los riesgos físicos, incluidas las lesiones o la muerte por restricción de la respiración o del flujo sanguíneo al cerebro. No existe una forma segura de ejercer presión sobre el cuello durante la actividad sexual. Se debe buscar asesoramiento médico tras una compresión del cuello, incluso sin lesiones visibles, porque pueden aparecer complicaciones graves posteriormente. La dificultad para respirar o tragar, los cambios en la voz, la confusión o la pérdida de conocimiento requieren atención médica de emergencia.

El trastorno de masoquismo sexual puede deteriorar significativamente el funcionamiento cotidiano. Es fundamental buscar tratamiento para los síntomas y mejorar la calidad de vida de los pacientes. La evidencia sobre el tratamiento es limitada. Un profesional clínico cualificado en salud sexual debe evaluar el malestar, el funcionamiento, el consentimiento, la seguridad y las afecciones coexistentes; los intereses consentidos por sí solos no requieren tratamiento.

1. Psicoterapia

Puede considerarse la psicoterapia para abordar el malestar, el deterioro del funcionamiento, las dificultades en las relaciones o la seguridad. La evidencia para tratar otra afección, como un trastorno de ansiedad, no demuestra eficacia para el trastorno de masoquismo sexual.

Terapia cognitivo-conductual (TCC): La TCC trabaja con los pensamientos y la conducta. Si se utiliza, los objetivos deben acordarse de forma individual; la evidencia no demuestra que identifique los orígenes de los intereses sexuales masoquistas ni que sea necesario eliminar los intereses consentidos.

Terapia psicoanalítica: Este enfoque explora significados y experiencias personales. Aquí no se establece un beneficio específico para el trastorno de masoquismo sexual, y no deben presuponerse traumas ni autolesiones.

Terapia de grupo: Un entorno grupal puede ofrecer apoyo si se ajusta a las necesidades, preferencias y privacidad de la persona. Esto no constituye evidencia de un efecto terapéutico demostrado para el trastorno de masoquismo sexual.

2. Tratamientos médicos

Un especialista puede considerar la medicación para necesidades evaluadas de forma individual, pero una respuesta insuficiente a la psicoterapia por sí sola no establece que sea necesaria; la evidencia es limitada. La guía citada a continuación se centra en varones adultos con un conjunto más amplio de trastornos parafílicos, incluidas personas que han cometido delitos sexuales, y no debe generalizarse a todas las personas con trastorno de masoquismo sexual [4].

Medicación: La evidencia sobre los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS) para un conjunto más amplio de trastornos parafílicos no demuestra un beneficio específico para el trastorno de masoquismo sexual. Cualquier uso requiere una evaluación especializada e individualizada del beneficio previsto, los efectos adversos y las afecciones coexistentes [4].

Tratamientos hormonales: Los medicamentos hormonales que reducen la libido no son un tratamiento habitual para los intereses consentidos. Cualquier uso requiere evaluación especializada, consentimiento informado y seguimiento continuo, ya que pueden producirse efectos adversos graves. Las guías para un conjunto más amplio de trastornos parafílicos no deben interpretarse como evidencia de que estos medicamentos sean adecuados para todas las personas con trastorno de masoquismo sexual [4].

3. Cambios en el estilo de vida

Las medidas de bienestar general pueden complementar un plan de atención individualizado, pero no son tratamientos establecidos para el trastorno de masoquismo sexual.

Desarrollar relaciones sanas: También es fundamental establecer y mantener relaciones que no solo sean consentidas, sino también sanas. Se debe buscar una relación en la que haya honestidad y ambas partes comprendan los límites de la otra. Tener intereses masoquistas no convierte a una persona en agresora; la coacción o el abuso requieren una respuesta de seguridad independiente.

Gestión del estrés: La gestión del estrés puede favorecer el bienestar general. No debe presentarse como una forma probada de suprimir los intereses sexuales masoquistas o tratar el trastorno.

Evitar los desencadenantes: La evitación no suele ser necesaria para los intereses consentidos. Si determinadas situaciones se vinculan con daños o deterioro del funcionamiento, conviene hablar con un profesional clínico sobre un plan de seguridad proporcionado.

Crear una red de apoyo: Las personas de confianza pueden apoyar los objetivos de atención acordados cuando la persona desea involucrarlas. El apoyo debe respetar la privacidad y no debe exigir la supresión de los intereses consentidos.

Participar en actividades positivas: Las actividades agradables y significativas pueden formar parte del bienestar general; no sustituyen la evaluación ni implican la obligación de reemplazar los intereses sexuales consentidos.

4. Seguimiento y atención continuada

El seguimiento debe revisar el malestar, el funcionamiento, la seguridad, los objetivos del tratamiento y cualquier efecto adverso de la medicación. La evolución y la necesidad de atención continuada varían; la persistencia de un interés sexual consentido por sí sola no significa que el tratamiento haya fracasado o que el trastorno haya reaparecido.

Recursos

Preguntas

Preguntas frecuentes

¿El trastorno de masoquismo sexual es lo mismo que el BDSM?
No, el trastorno de masoquismo sexual no es lo mismo que el BDSM. El BDSM (ataduras, disciplina, dominación, sumisión, sadismo y masoquismo) hace referencia a diversas actividades sexuales y roles interpersonales que implican el uso del poder de forma consentida entre adultos. 
El trastorno de masoquismo sexual, por su parte, es un trastorno mental en el que el sufrimiento de una persona le produce excitación sexual y causa malestar o deterioro del funcionamiento. 
La participación en BDSM consentido por sí sola no permite establecer un trastorno. Tampoco lo descarta si el patrón recurrente de excitación masoquista se asocia con malestar o deterioro clínicamente significativos.
¿Es posible tratar el trastorno de masoquismo sexual sin medicamentos?
La medicación no es necesaria de forma automática. La psicoterapia puede abordar objetivos acordados individualmente sobre el malestar, el funcionamiento, las relaciones o la seguridad, pero la evidencia específica para el trastorno de masoquismo sexual es limitada. Los intereses consentidos por sí solos no requieren tratamiento. La medicación tampoco es necesaria de forma automática en los casos graves; cualquier uso requiere una evaluación especializada e individualizada, ya que la evidencia es limitada.
¿Cómo se diagnostica el trastorno de masoquismo sexual?
Las inquietudes sobre el masoquismo sexual deben ser evaluadas por un profesional clínico cualificado. La evaluación debe distinguir los intereses consentidos de un trastorno mental y de la experiencia de sufrir abusos no deseados; debe abordar el malestar, el funcionamiento y la seguridad [1].
La evaluación clínica considera el patrón y la persistencia de los intereses sexuales, el malestar personal, el funcionamiento, el consentimiento, la seguridad y las afecciones coexistentes. Los intereses atípicos por sí solos no permiten establecer un trastorno [1]. Un profesional clínico cualificado debe aplicar el marco diagnóstico vigente, en lugar de basarse en una lista de autoevaluación.
Qué incluye
01

Contexto clínico

La información clara se contextualiza en cuadros complejos y concurrentes.

02

Factores individuales

La evaluación sigue siendo esencial porque las necesidades y los riesgos varían de una persona a otra.

03

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