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Cynthia NakhleResponsable de admisiones

Propósito & prioridades personales

Dar espacio a una forma distinta de éxito

Cambiar de prioridades se vuelve tangible cuando cambia una semana habitual. Una reflexión editorial sobre el propósito, la responsabilidad y el espacio para replantearse el rumbo.

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HUMANWAREEntrevista al fundador

Abdullah Boulad: The Entrepreneur Who Learned to Slow Down

The HumanWare Project, presentado por Méline Liu · 18 de mayo de 2026 · Inglés

HUMANWARE cuenta con Abdullah Boulad, fundador de THE BALANCE. La conversación en vídeo relacionada forma parte de The HumanWare Project, presentado por Méline Liu.

La entrevista de HUMANWARE al fundador Abdullah Boulad, publicada en la edición de primavera/verano de 2026, aborda cómo ha cambiado la relación de Abdullah Boulad con el éxito y el ritmo de vida. Los relatos personales de quienes se replantean su rumbo pueden resultar sugerentes porque cuestionan una suposición habitual: que la dirección hacia la que hemos trabajado debe seguir siendo la adecuada indefinidamente. También plantean a los lectores una pregunta práctica sobre sus propias vidas. ¿Qué exigiría realmente un cambio de prioridades?

La mayoría de las personas no necesita vivir una experiencia extraordinaria para empezar a planteárselo. Puede que un compromiso ya no encaje, que una relación necesite más atención o que una dinámica de trabajo resulte difícil de mantener. Este artículo de opinión explora cómo concretar esa reflexión. Se centra en las decisiones, las conversaciones y las responsabilidades cotidianas, en lugar de prescribir una única definición de equilibrio. Reconsiderar el éxito puede significar proteger algo que ya es valioso, modificar una obligación o permitir que una pregunta permanezca abierta el tiempo suficiente para tomar una decisión meditada.

Cuatro preguntas para prepararse

  1. ¿Qué aspectos de su vida actual siguen teniendo sentido y qué compromisos han dejado de encajar?

  2. ¿Cómo se reflejaría un cambio de prioridades en una semana habitual, en lugar de en un futuro imaginado?

  3. ¿A quién afectaría el cambio y sobre qué responsabilidades habría que hablar expresamente?

  4. ¿Qué pequeña decisión reversible podría ayudarle a aprender antes de asumir un compromiso mayor?

Describir la vida que hay detrás de los logros

Un logro suele tener una forma visible: un cargo, un proyecto terminado, una empresa o un hito. La vida que lo rodea puede ser menos visible. Incluye las horas necesarias, las relaciones a las que afecta y las expectativas que se acumulan cuando los demás saben lo que somos capaces de hacer. Observar ambas partes aporta más detalle a la reflexión que limitarse a preguntar si el éxito nos ha hecho felices.

Elija un compromiso y describa cómo transcurre una semana habitual en torno a él. Incluya la preparación, los desplazamientos, los mensajes y el tiempo dedicado a pensar en el trabajo pendiente. Después, describa qué le aporta ese compromiso. Puede proporcionarle ingresos, aprendizaje, un sentido de comunidad, orgullo o la sensación de contribuir. Este ejercicio pretende mostrar lo que se da y lo que se recibe, no demostrar que la ambición sea un error.

Puede descubrir que el logro sigue siendo importante, pero que la manera de organizarlo ya no encaja. Esa distinción abre más opciones. Una persona puede querer mantener su profesión y modificar su disponibilidad, seguir participando en una empresa y compartir las decisiones, o continuar un proyecto con otros plazos. La reflexión resulta más útil cuando permite tanto hacer ajustes como dejar algo atrás.

Separar las expectativas heredadas de las prioridades elegidas

Algunas expectativas tienen un origen claro. Un empleador necesita una decisión, un familiar necesita apoyo práctico o un contrato define una responsabilidad. Otras son suposiciones que se han vuelto habituales: ser la primera persona en responder, no rechazar nunca una invitación o tener siempre preparada la siguiente meta. Anote estas expectativas por separado para poder examinar cada una en sus propios términos.

Pregúntese qué expectativas ha aceptado expresamente y cuáles ha dado por supuestas. Si hay otra persona implicada, compruebe que ha entendido bien en lugar de tratar una deducción como un hecho. Puede que un compañero necesite una respuesta fiable para mañana, mientras que usted ha estado suponiendo que solo es aceptable una respuesta inmediata. Aclararlo puede revelar margen para organizarse de otra manera sin que nadie tenga que renunciar a una responsabilidad importante.

Las prioridades elegidas también merecen concreción. Querer pasar más tiempo con la familia no es lo mismo que querer viajar menos o disponer de más tiempo para uno mismo. Describa una actividad cotidiana que le gustaría hacer posible, como acudir a un encuentro periódico o compartir una tarde sin interrupciones. Una preferencia concreta es más fácil de hablar y de proteger que una intención general de vivir mejor, especialmente cuando varios compromisos valiosos compiten por nuestra atención.

Hacer visibles las responsabilidades prácticas

Un cambio de rumbo puede afectar a personas que no lo han elegido. Un equipo puede depender de sus decisiones, una pareja puede compartir las responsabilidades domésticas u otra persona puede necesitar continuidad en un proyecto en curso. Enumerar estas conexiones no significa que el cambio sea imposible. Ayuda a identificar las conversaciones y los preparativos que permitirían llevarlo a cabo de forma responsable.

Para cada compromiso importante, pregúntese qué necesita continuar, qué podría traspasarse y qué podría terminar. Evite tratar el traspaso como un simple anuncio. La persona que asume una responsabilidad puede necesitar información, autoridad, tiempo o formación. Un traspaso útil describe la tarea y las decisiones relacionadas con ella, incluido cuándo debería pedir ayuda la persona que pasa a ser responsable.

Pensemos en el caso hipotético de alguien que tiene una empresa y quiere reservar una tarde a la semana sin contactos laborales. Para hacerlo posible, puede ser necesario decidir qué se considera urgente, designar a otra persona que pueda tomar decisiones e informar a los clientes de un plazo de respuesta fiable. Ese límite resulta más viable porque cuenta con una organización que lo respalda. Ya no es una intención que depende por completo de que la persona propietaria de la empresa resista por sí sola la tentación de responder a cada mensaje.

Probar un cambio del que se pueda aprender

A veces resulta más fácil reflexionar sobre las grandes decisiones después de hacer una pequeña prueba. La prueba debe servir para explorar una pregunta concreta, no para prometer una transformación completa. Quizá quiera averiguar qué ocurre al delegar una reunión, reducir un compromiso habitual o proteger un periodo de tiempo personal. Elija algo acorde con sus responsabilidades y lo suficientemente reversible como para poder revisarlo.

Defina cómo se organizará antes de empezar. ¿Qué cambiará, durante cuánto tiempo y quién necesita saberlo? ¿Qué haría que la prueba resultase útil incluso si la decisión final fuera volver al planteamiento anterior? Una prueba puede revelar la falta de un procedimiento, una expectativa poco realista o una preferencia que era difícil reconocer en abstracto.

Procure que la revisión sea proporcionada. Unas pocas notas sobre lo ocurrido pueden bastar. ¿Tenía la otra persona la información que necesitaba? ¿Pudo aprovechar el tiempo que había reservado? ¿Hacía falta un ajuste diferente? Evite tratar la prueba como un examen de su valía personal. Su valor reside en la información que aporta, incluida la que complica la idea inicial. Eso forma parte de tomar decisiones meditadas, no demuestra que nunca debería haberlo intentado.

Dar cabida a los sentimientos encontrados en la conversación

Cambiar de prioridades puede implicar sentir gratitud por la vida actual y, al mismo tiempo, desear algo distinto. Alguien puede sentir orgullo por un cargo y querer dedicarle menos tiempo, o sentir alivio ante una decisión y echar de menos lo que deja atrás. No es necesario resolver todos los sentimientos antes de hablar con alguien de confianza sobre el siguiente paso práctico.

Puede ayudar explicar la distinción entre la decisión y las emociones que la rodean. Por ejemplo, puede haber decidido reducir un compromiso y seguir sintiendo incertidumbre sobre cómo responderán los demás. Así, quien le apoya puede entender si busca ayuda para organizar el cambio, un espacio para pensar en voz alta o una perspectiva diferente. Expresar lo que necesita evita que la conversación se convierta en un debate no solicitado sobre toda su vida.

El apoyo profesional también puede ofrecer un espacio para explorar preocupaciones que resultan difíciles de comprender o gestionar. Puede empezar por la dificultad concreta: la incertidumbre ante un cambio, los problemas para establecer límites o la sensación de que la dinámica actual ya no es viable. No hace falta acudir con una explicación extraordinaria. Una descripción honesta de la vida cotidiana puede ser un punto de partida útil para plantearse qué apoyo podría encajar.

Convertir una nueva prioridad en un compromiso cotidiano

Un cambio significativo acaba necesitando un espacio en el calendario, una conversación con otra persona o la revisión de un acuerdo. Elija un siguiente paso que haga visible la prioridad. Si el objetivo es dedicar más tiempo y atención a alguien, decidan juntos qué significa eso. Si el objetivo es reducir una obligación, identifique a la persona con la que necesita hablarlo.

Fije un momento para revisar lo acordado sin esperar un veredicto definitivo sobre todo su rumbo vital. Pregúntese si el cambio cumple el propósito previsto y si genera alguna responsabilidad que aún requiere atención. Puede mantenerlo, modificarlo o descubrir que otra opción importa más. Una revisión permite dar continuidad a la decisión sin convertirla en permanente por defecto.

Algunos cambios requieren hablar de recursos, además de tiempo. Una semana laboral más corta, un cargo diferente o un periodo dedicado a otra responsabilidad pueden afectar a los planes del hogar. Ponga esas cuestiones prácticas por escrito en lugar de dejarlas como un obstáculo sin definir. ¿Qué información falta? ¿Quién comparte la decisión? ¿Qué compromisos se han adquirido ya? Una conversación clara puede distinguir una limitación real de una suposición que nunca se ha comprobado. También puede ayudar a identificar una versión más modesta del cambio que sea posible ahora. El propósito es que la decisión resulte comprensible para todas las personas afectadas, incluida la propia persona que la toma, reconociendo que cada una puede valorar distintos aspectos de la organización actual. Un ajuste meditado puede respetar esas diferencias sin exigir un acuerdo completo sobre el significado del éxito y lo que constituye una buena vida.

El éxito puede incluir la capacidad de advertir cuándo una forma de organizarse merece ser reconsiderada. También puede incluir la paciencia para realizar un cambio cuidadoso, respetando a las personas y los compromisos que ya forman parte de la vida. La pregunta es personal, pero el trabajo suele ser cotidiano: escuchar con atención, establecer un acuerdo claro y dar a una nueva prioridad el espacio práctico suficiente para existir.

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