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Reflexión & desarrollo personal

Dar espacio al cuestionamiento de una creencia arraigada

La autorreflexión resulta útil cuando conduce a una pregunta concreta, una prueba justa y una decisión abierta a nueva información.

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Entrepreneur Middle EastColumna de colaboración y entrevista

Challenging Your Beliefs: Self-Awareness for Lasting Self-Improvement in Health, Fitness, and Well-Being

Artículo y entrevista de Mark Sephton; edición de Aby Sam Thomas · Actualizado el 4 de octubre de 2025 · Publicado el 18 de noviembre de 2023 · Inglés

Mark Sephton entrevista a Abdullah Boulad, fundador de THE BALANCE, en esta columna de colaboración. El medio atribuye la edición a Aby Sam Thomas.

La columna de colaboración de Mark Sephton publicada en noviembre de 2023 en Entrepreneur Middle East incluye una conversación con Abdullah Boulad sobre autoconocimiento y desarrollo personal. El tema invita a plantearse una pregunta práctica: ¿cómo examinar una creencia arraigada sin convertir la reflexión en otra forma de autocrítica? Un punto de partida útil es tratar la creencia como algo que se puede describir y cuestionar, en lugar de como una afirmación definitiva sobre quién es uno.

Las suposiciones cotidianas suelen presentarse como reglas: debo responder de inmediato, ya debería saberlo o pedir ayuda significa que he fracasado. Algunas reglas pueden cumplir una función en determinadas circunstancias. Otras pueden haberse mantenido mucho después de que cambiara su contexto original. Este artículo explora una forma mesurada de examinarlas. El objetivo es tomar una decisión concreta de manera más reflexiva, dejando la evaluación de la salud y las decisiones sobre el tratamiento en manos de profesionales con la cualificación adecuada, en lugar de considerar la autorreflexión un sustituto de la atención profesional.

Cuatro preguntas para prepararse

  1. ¿Qué regla arraigada parece estar influyendo en una decisión que está tomando ahora?

  2. ¿Qué experiencia respalda esa regla y qué información relevante podría matizarla?

  3. ¿Cómo podría probar un enfoque diferente mediante una pequeña decisión adecuada y reversible?

  4. ¿Qué podría aprender del resultado sin convertirlo en un juicio sobre su valía?

Formule la creencia de manera que pueda examinarla

Puede resultar difícil hablar de una sensación vaga de no estar a la altura. Una regla concreta es más fácil de cuestionar. Piense en una decisión reciente y complete una frase como esta: creía que tenía que hacer esto porque, de lo contrario, ocurriría algo. Elija un ejemplo cotidiano y concreto. Quizá aceptó otra tarea porque supuso que rechazarla decepcionaría a alguien.

Después, separe la situación de la interpretación. La situación puede ser que alguien del trabajo le haya pedido ayuda. La interpretación puede ser que esa persona le tendrá en menor consideración si no puede responder de inmediato. Son tipos de información diferentes. Uno describe un hecho; el otro, una predicción que quizá sea necesario comprobar.

Para llevar un registro sencillo, utilice cuatro líneas breves: la creencia, la elección en la que influyó, la información que comprobó y la decisión que tomó. Esto puede ayudar a mantener el ejercicio centrado cuando la reflexión tiende a volverse repetitiva. Podría escribir que esperaba que una petición fuera urgente, preguntó por el plazo, descubrió que podía esperar hasta mañana y acordó responder entonces. El ejemplo no demuestra que cualquier petición pueda esperar. Aporta información útil sobre esta petición y sugiere una pregunta que merece la pena hacer en circunstancias similares. Mantener la conclusión en su justa medida forma parte del ejercicio. Una creencia nueva puede volverse tan rígida como la anterior si se trata como una regla que debe aplicarse siempre. Procure que el registro conserve el contexto, incluidas las situaciones en las que seguiría siendo adecuado actuar de inmediato o responder de otro modo. El contexto importa a la hora de decidir si un hábito diferente resulta realmente útil.

Esta distinción no demuestra que la predicción sea errónea. Permite formular una pregunta más clara. ¿Qué sabe realmente sobre lo que espera esa persona? ¿Se ha hablado de los plazos? ¿Hay alguna forma de responder con sinceridad y ofrecer una alternativa realista? Una creencia resulta más fácil de abordar cuando se puede explorar a través de los detalles, en lugar de defenderla como una regla incuestionable o rechazarla como un defecto personal.

Busque el contexto en el que se desarrolló la regla

Algunas suposiciones tienen un origen comprensible. Responder con rapidez pudo haber sido esencial en un puesto anterior, o el hábito de hacerlo todo por cuenta propia pudo haber sido útil durante una etapa con poco apoyo. Reconocer ese contexto puede hacer que la revisión sea más equilibrada. Es posible valorar para qué sirvió la regla en su momento y, al mismo tiempo, preguntarse si encaja en la situación actual.

Anote qué ha cambiado. Quizá ahora trabaja con un equipo más amplio, tiene responsabilidades diferentes o necesita tener en cuenta las preferencias de otra persona. Una regla concebida para unas condiciones puede requerir ajustes en otras. La pregunta no es si su decisión anterior fue desacertada, sino si esa misma decisión sigue siendo adecuada con la información y las circunstancias actuales.

Evite exigirse una explicación completa de su pasado antes de plantearse un siguiente paso práctico. Puede que no sepa exactamente cuándo surgió una creencia, y esa incertidumbre no tiene por qué impedir una conversación útil. Empiece por lo que puede observar hoy. Si la reflexión suscita inquietudes que le resultan difíciles de manejar, un profesional cualificado puede ayudarle a explorarlas en un entorno adecuado. El ejercicio no debe convertirse en una exigencia de resolver todas las cuestiones personales sin ayuda.

Reúna información que pueda cambiar su perspectiva

Cuando una creencia resulta familiar, puede ser fácil fijarse solo en los ejemplos que encajan con ella. Haga un esfuerzo deliberado por identificar excepciones relevantes. Si supone que toda petición exige una respuesta inmediata, recuerde ocasiones en las que se aceptó una respuesta posterior. Pregúntese qué tenían de diferente esas situaciones y si las mismas condiciones podrían darse ahora.

También puede pedir aclaraciones a la persona implicada. Una pregunta sencilla sobre los plazos o las expectativas puede aportar mejor información que imaginar repetidamente su reacción. Explique la cuestión práctica sin pedirle que evalúe toda la percepción que tiene de sí mismo. Por ejemplo, pregunte si una respuesta al día siguiente cubriría sus necesidades o si otra persona del equipo puede encargarse de la decisión.

Considere tanto la calidad de los comentarios recibidos como su impacto emocional. Un ejemplo concreto puede examinarse; un juicio general puede requerir aclaraciones. Pregunte qué ocurrió, qué efecto tuvo y qué cambio sería útil. No tiene por qué aceptar todas las interpretaciones que le ofrezcan. El objetivo es reunir suficiente información relevante para tomar una decisión más meditada, incluida información que respalde, matice o cuestione la creencia original.

Haga una pequeña prueba con una pregunta clara

Elija una conducta cotidiana que sea adecuado reconsiderar y que no implique modificar la atención médica ni desatender una responsabilidad importante. Defina la pregunta que pondrá a prueba. Quizá quiera averiguar si una reunión puede celebrarse sin su presencia o si un plazo de respuesta claro funciona tan bien como la disponibilidad constante.

Acuerde cualquier disposición que afecte a otras personas. Si va a delegar, facilite la información y la autoridad necesarias. Si va a cambiar su disponibilidad, explique cómo se atenderán los asuntos urgentes. Esto da al enfoque alternativo una oportunidad real de funcionar. Una prueba que retire sin avisar un apoyo esencial puede poner a prueba una organización mal preparada, en lugar de la creencia que se pretendía examinar.

Fije un momento razonable para revisar la prueba y decida qué va a observar. ¿Se completó la tarea? ¿Disponía la otra persona de lo que necesitaba? ¿Qué hubo que aclarar? El resultado puede sugerir una organización diferente o confirmar que el enfoque original sigue siendo útil en este contexto. Cualquiera de los dos resultados puede aportar información. La prueba es valiosa porque ayuda a aprender, no porque deba producir la respuesta que se esperaba encontrar.

Distinga los valores de las instrucciones rígidas

Un valor describe algo que se desea respetar, como la fiabilidad, el cuidado o la equidad. Una instrucción rígida describe una forma en la que se cree que ese valor debe manifestarse. La fiabilidad podría convertirse en la regla de tener que estar siempre disponible. El cuidado podría convertirse en la regla de tener que resolver todos los problemas sin ayuda. Pregúntese si otras acciones podrían expresar el mismo valor de una manera más adecuada.

Para la fiabilidad, un plazo claro y una actualización precisa pueden ser más relevantes que una respuesta inmediata. Para el cuidado, escuchar lo que alguien pide realmente puede ser más útil que hacerse cargo de todo. Estas alternativas no abandonan el valor. Exploran cómo puede expresarse en la situación presente sin dar por hecho que solo existe una conducta aceptable.

Esta distinción puede ayudar cuando varios valores entran en conflicto. Quizá quiera apoyar a alguien del trabajo y, al mismo tiempo, cumplir un compromiso con su familia. En lugar de concluir que una de esas preocupaciones demuestra que la otra no es sincera, describa el conflicto y considere una solución viable. Una decisión meditada puede reconocer responsabilidades contrapuestas y seguir siendo clara. El autoconocimiento adquiere utilidad práctica cuando ayuda a identificar qué hay que sopesar, en lugar de ocultarlo tras una regla absoluta.

Revise lo aprendido con un criterio justo

Después de probar un enfoque diferente, describa lo ocurrido antes de decidir qué significa. Anote el resultado, la información obtenida y las preguntas que siguen abiertas. Si el resultado fue decepcionante, considere si es necesario volver a examinar el enfoque, la preparación, el momento elegido o la suposición subyacente. Evite convertir un intento en una conclusión permanente sobre su capacidad para cambiar.

Pregúntese qué aconsejaría a otra persona que hubiera hecho el mismo esfuerzo. Esto puede ayudarle a detectar si el criterio que aplica consigo es más severo que el que utiliza en una conversación cotidiana. Una revisión justa puede incluir tanto la responsabilidad por un error como el reconocimiento de lo aprendido. Ninguna de las dos cosas exige exagerar el éxito ni restar importancia a la dificultad.

Cuestionar una creencia es una forma de dar cabida a la información y a la posibilidad de elegir. No exige rechazar todos los hábitos conocidos ni reinventarse continuamente. Empiece por una regla que afecte a una decisión real, examine su contexto y pruebe un siguiente paso adecuado. El resultado puede ser una relación más reflexiva con las suposiciones que orientan la vida cotidiana.

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