Propósito & trabajo en equipo
Convertir el propósito personal en responsabilidad compartida
La motivación de quien funda una organización puede iniciar una historia. El trabajo diario de una organización asistencial también depende de cómo las personas aprenden, se comunican y comparten la responsabilidad.
“Cualquier éxito que tenga no es más que un reflejo de mi brillante y atento equipo.”
Abdullah Boulad, en ReVampTraducción de la cita original
Pankhuri Bhutani entrevista a Abdullah Boulad, fundador de THE BALANCE Healthcare Group, sobre su experiencia personal y el desarrollo de la organización.
La entrevista de ReVamp con Abdullah Boulad de agosto de 2024 vincula su motivación personal con el desarrollo de THE BALANCE y la contribución de su equipo. El propósito de quien funda una organización puede explicar por qué esta nace. La continuidad del trabajo depende de cómo se comparta ese propósito entre personas con distintos conocimientos especializados, responsabilidades y formas de entender un problema.
Este editorial explora ese trabajo compartido a través de preguntas prácticas sobre el aprendizaje y la comunicación. ¿Cómo llega lo que observa una persona a alguien que puede actuar al respecto? ¿Cómo se explica una decisión a quien tendrá que llevarla a la práctica? ¿Cómo puede una persona que recibe atención plantear una pregunta que implica a varios perfiles profesionales? Son preguntas habituales sobre la organización del trabajo que tienen una finalidad humana. Ayudan a convertir un compromiso general con una atención cuidadosa en un proceso que las personas pueden comprender, al que pueden contribuir y que pueden mejorar, sin pedir a una sola persona que mantenga por sí misma una visión de conjunto.
Cuatro preguntas para prepararse
¿Qué exige el propósito compartido a cada persona en una situación cotidiana?
¿Cómo transmiten los miembros del equipo el contexto necesario para comprender una tarea o una decisión?
¿En qué espacios pueden abordarse y resolverse adecuadamente las diferencias de perspectiva profesional?
¿Cómo contribuye la persona que recibe atención a la comprensión del equipo mediante sus preguntas y comentarios?
Transmitir el contexto junto con la tarea
Un traspaso de tareas puede indicar qué hay que hacer sin explicar por qué es importante. Esa falta de contexto puede llevar a la siguiente persona a interpretar la tarea de otra manera. Pregunte qué necesita saber quien la recibe: la finalidad, el estado actual, la preferencia pertinente y la decisión que sigue pendiente. Mantenga la información dentro de lo adecuado para las funciones y las autorizaciones correspondientes.
Imagine una petición práctica para cambiar el horario de una conversación. Quien lo organiza necesita saber si el horario es flexible, si otro profesional debe aprobar el cambio y cómo se informará a la persona interesada. Sin esos detalles, la petición puede pasar por varias personas sin que nadie sepa qué se puede confirmar. Un traspaso claro señala el cauce para obtener una respuesta.
Quien recibe la tarea también tiene un papel en la comprobación de que se ha entendido. Puede resumir el siguiente paso, preguntar por la información que falta y confirmar cuándo informará de los avances. Esto resulta especialmente útil cuando varias tareas parecen similares, pero tienen requisitos distintos. Un traspaso debe dejar el trabajo en condiciones de continuar, con contexto suficiente para que la siguiente persona pueda avanzar y un cauce claro para las preguntas que siguen quedando fuera de su responsabilidad.
Facilitar el diálogo sobre las diferencias de perspectiva
Las personas con responsabilidades distintas pueden advertir aspectos diferentes de una misma situación. Quien coordina los aspectos prácticos puede detectar un problema de horarios, mientras que un profesional clínico identifica un factor que afecta al plan. Esa diferencia aporta información útil cuando existe un proceso claro para poner en común ambas perspectivas. Pregunte quién debe participar y quién tiene autoridad para tomar la decisión posterior.
Comience por describir la cuestión en términos que todas las personas puedan entender. ¿Qué se ha observado? ¿Qué se propone? ¿Qué información falta? Así, el diálogo se centra en la cuestión, en lugar de en defender el ámbito de cada profesión. Cuando se requiere criterio clínico, corresponde ejercerlo a los profesionales debidamente cualificados y responsables de esa valoración.
No es necesario ocultar el desacuerdo tras una afirmación vaga de que el equipo ha tratado el asunto. La persona afectada debe recibir una explicación comprensible de la recomendación resultante y tener la oportunidad de hacer preguntas. No necesita conocer todos los detalles de un debate interno, pero sí debe saber qué se ha decidido y qué implica para ella. Un proceso compartido resulta útil cuando da lugar a un siguiente paso claro cuya responsabilidad está debidamente asignada.
Ayudar a quien se incorpora a comprender el trabajo
El conocimiento de una organización puede quedar encerrado en hábitos que las personas con experiencia ya no explican. A quien se incorpora se le puede mostrar lo que suele hacerse sin que comprenda el motivo ni las excepciones. Por eso, enseñar el trabajo implica algo más que repetir una secuencia. Incluye explicar la finalidad, los límites de las funciones y las situaciones que requieren la intervención de otra persona.
Utilice ejemplos cotidianos al presentar un proceso. ¿Qué ocurre cuando falta información? ¿Quién puede autorizar un cambio? ¿Cómo debe registrarse y transmitirse una preocupación? Estas preguntas ayudan a distinguir los pasos rutinarios de las decisiones que requieren una valoración. También dan a quien se incorpora la confianza para preguntar antes de que una suposición pase a formar parte del proceso.
El aprendizaje debe seguir siendo posible después de la formación inicial. Un equipo puede invitar a sus integrantes a identificar instrucciones poco claras, información difícil de encontrar o explicaciones que se malinterpretan de forma reiterada. Cuando proceda, lo observado debe dar lugar a un siguiente paso concreto. Esto convierte la curiosidad en un trabajo útil para la organización, en lugar de dejarla en una preferencia abstracta por la mejora continua. También facilita compartir el conocimiento a medida que las personas cambian de funciones, se incorporan al equipo o se encuentran con circunstancias que las instrucciones originales no habían previsto.
Mantener presentes las preguntas de la persona entre los distintos profesionales
Una pregunta de la persona que recibe atención puede no encajar exactamente en las responsabilidades de un único equipo. Puede referirse a la finalidad del horario, a la participación de una persona de apoyo o a una recomendación que afecta a la organización del día a día. Identifique qué parte requiere una explicación clínica, qué parte atañe a la logística y quién coordinará la respuesta.
Evite que la persona tenga que repetir toda su preocupación en cada traspaso cuando la información pertinente pueda compartirse de forma adecuada. Pregunte cómo se registra su pregunta, quién la ha recibido y cuándo puede esperar una respuesta. El proceso debe seguir siendo comprensible desde su perspectiva. La actividad interna, por sí sola, no le permite saber si se está atendiendo su pregunta.
Después de responder, compruebe si la respuesta ha abordado la preocupación que realmente se planteó. Una explicación detallada puede seguir sin responder a lo esencial si se ha entendido mal la petición original. La persona puede necesitar otro ejemplo, un ajuste práctico o una conversación distinta. Mantener abierta esa posibilidad permite que su perspectiva contribuya a la comprensión del equipo. La responsabilidad compartida incluye hacerse cargo de que la respuesta resulte útil, en lugar de suponer que proporcionar información genera claridad de forma automática.
Revisar un cambio y explicar lo aprendido
Un equipo puede aprender de una dificultad concreta sin rediseñar todos los procesos a la vez. Elija una cuestión que se haya descrito con claridad, identifique el cambio propuesto y acuerde qué permitiría saber si ha resultado útil. La revisión podría centrarse en un traspaso, una explicación escrita o un cauce práctico para las preguntas. Mantenga un alcance proporcionado al problema.
Incluya tanto a quienes experimentan el proceso como a quienes lo gestionan. Una instrucción nueva puede parecer clara a quien la redacta y, sin embargo, dejar dudas a quien la recibe. Pregunte qué se ha vuelto más fácil, qué sigue resultando confuso y si el cambio ha generado trabajo en otro punto. Esto ayuda al equipo a evaluar la organización en su conjunto, en lugar de limitarse a la parte más visible desde una función concreta.
Piense en un equipo que revisa una instrucción que las personas piden con frecuencia que se les vuelva a explicar. La primera respuesta podría ser repetirla más despacio. Una revisión más útil podría examinar la redacción, el momento en que se da y si quien la recibe sabe qué acción se espera. Pida a alguien que no conozca la instrucción que describa qué cree que significa, utilizando un ejemplo adecuado que no revele información privada. Su interpretación puede poner de manifiesto una suposición que quienes la redactaron ya no perciben. El equipo puede entonces modificar la explicación y comprobar si la acción prevista queda más clara. Este es un pequeño ejemplo de aprendizaje compartido: una observación se convierte en una pregunta, varias perspectivas contribuyen a la revisión y un cambio práctico se evalúa durante su aplicación, en lugar de aceptarse porque parece convincente en una conversación interna de planificación.
Registre la decisión y comparta lo aprendido que resulte pertinente. Si se mantiene el cambio, explique cómo se incorporará a la práctica habitual. Si se modifica, describa qué ha motivado la modificación. El propósito personal puede dar origen a una organización, pero la responsabilidad compartida le da continuidad. El trabajo diario avanza a través de estas conexiones sencillas: una tarea clara, un traspaso útil, una pregunta que llega a la persona adecuada y un equipo dispuesto a aprender de lo que ocurra después.
Colaboración destacada
Abdullah Boulad
Fundador de THE BALANCE; entrevistado en la fuente
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