Identidad & cambio
Encontrar continuidad cuando la vida cambia de rumbo
Una entrevista a un fundador invita a reflexionar sobre la identidad, las prioridades cambiantes y las relaciones y rutinas cotidianas que pueden aportar sentido a distintas etapas.
Maeve Ryan entrevista a Abdullah Boulad, fundador y CEO de THE BALANCE Healthcare Group, sobre los cambios en su vida y sus prioridades.
La entrevista de Maeve Ryan a Abdullah Boulad publicada en Square Mile en abril de 2024 invita a reflexionar sobre una vida marcada por circunstancias y prioridades cambiantes. El perfil de un fundador puede suscitar una pregunta que va más allá de los negocios: ¿cómo conservar una sensación de continuidad cuando una función, una aspiración o un rumbo conocidos ya no describen la vida que se está viviendo?
El cambio no siempre llega en forma de ruptura clara. Una persona puede estar dejando un puesto sin que el trabajo deje de importarle, asumiendo la responsabilidad de cuidar de alguien mientras echa de menos la libertad anterior, o reconsiderando una meta que antes le marcaba el rumbo. Este artículo explora cómo abordar esas transiciones sin exigir una nueva identidad de inmediato. En la práctica, esto suele implicar reconocer lo que sigue teniendo sentido, dar cabida a rutinas desconocidas y explicar los cambios a otras personas. Una nueva etapa puede ir tomando forma a través de decisiones cotidianas antes de contar con un relato firme o un nombre que la defina.
Cuatro preguntas para prepararse
¿Qué aspectos de una función conocida siguen siendo importantes, aunque la propia función esté cambiando?
¿Qué relaciones, compromisos o actividades aportan continuidad más allá del trabajo y de los logros públicos?
¿Qué expectativas es necesario hablar con otras personas en lugar de seguir asumiéndolas en silencio?
¿Qué pequeño paso ayudaría a explorar un nuevo rumbo sin exigir una respuesta definitiva?
Describir algo más que la función que está cambiando
Cuando una función ocupa gran parte de la vida, puede convertirse en la respuesta más inmediata a la pregunta de quiénes somos. Una transición puede hacer que esa respuesta parezca incompleta. Conviene intentar describir las distintas facetas de la vida sin ordenarlas jerárquicamente. Se puede ser colega, tener hijos, cultivar amistades, aprender, formar parte de un vecindario o interesarse por una actividad o comunidad concreta.
No se trata de demostrar que la función que está cambiando nunca tuvo importancia. Puede haber aportado relaciones significativas, estructura o la sensación de contribuir. Poner nombre a lo que aportó ayuda a explicar por qué la transición merece atención. También permite ver qué aspectos podrían continuar de otra forma y qué pérdidas necesitan ser reconocidas en lugar de sustituirse de inmediato.
Es útil elegir un elemento que se quiera conservar. Si orientar a otras personas era importante, quizá haya formas de seguir aportando una perspectiva sin mantener el mismo puesto. Si lo importante era colaborar, un nuevo proyecto o una comunidad pueden ofrecer otro contexto para hacerlo. Son posibilidades que explorar, no instrucciones para llenar deprisa cada espacio. La continuidad puede comenzar al reconocer una actividad valiosa, antes de decidir exactamente qué lugar ocupará.
Aceptar que la etapa anterior conserve su complejidad
Una etapa de la vida puede contener logros, dificultades, gratitud y arrepentimiento. No es necesario elegir una sola interpretación antes de seguir adelante. Una función puede haber sido valiosa y exigente a la vez. La decisión de dejarla puede ser adecuada y, aun así, producir tristeza. Mantener esa complejidad a la vista puede permitir una reflexión más fiel que convertir el pasado en un error o en un ideal.
Escribir sobre una experiencia concreta, en lugar de juzgar toda la etapa, puede resultar útil. ¿Qué se aprendió? ¿Qué se valoraba? ¿Qué se abordaría de otra manera ahora? Estas preguntas pueden revelar información útil sin exigir un veredicto definitivo. También ayudan a separar la responsabilidad por una decisión concreta de un juicio general sobre la persona que se era en aquel momento.
La continuidad también puede encontrarse en relaciones cuyo propósito cambia con el tiempo. Una antigua relación laboral puede convertirse en amistad, una relación de mentoría puede dar paso a una colaboración, o una actividad compartida puede seguir teniendo sentido después de que haya terminado la función que propició el encuentro. Conviene considerar qué relaciones se desean mantener y qué forma de contacto resultaría natural ahora. No hace falta seguir recreando el contexto anterior para conservar el vínculo. Una invitación sencilla o una conversación sincera sobre el cambio pueden bastar para empezar a relacionarse de otra manera. Al mismo tiempo, es posible permitir que algunas relaciones se vuelvan menos frecuentes sin considerar cada cambio un fracaso. El objetivo es reconocer dónde sigue existiendo el deseo de mantener el vínculo y darle cabida de forma deliberada. Esto puede conectar el presente con el pasado y, a la vez, dejar a ambas personas libertad para desarrollar intereses y responsabilidades más allá de la función original que las unió en una etapa anterior y distinta de la vida.
Si otras personas describen la transición de otro modo, merece la pena preguntarse qué aporta su perspectiva. Alguien del entorno laboral puede señalar una contribución que había pasado inadvertida, mientras que un familiar puede recordar una responsabilidad que resultó más difícil de lo que se había reconocido. Es posible escuchar sin aceptar que todas las interpretaciones sean completas. El objetivo es construir una visión más amplia de la experiencia, que dé cabida a varias verdades y sirva de apoyo a las decisiones del presente.
Organizar un día antes de definir todo el futuro
Una gran pregunta sobre el propósito vital puede resultar más abordable a través de un día corriente. ¿Qué necesita ahora un lugar habitual en la semana? Conviene tener en cuenta las responsabilidades prácticas, las relaciones, el aprendizaje y las actividades que se valoran. Se puede empezar con una organización manejable, en lugar de esperar a disponer de un plan completo a largo plazo para sentir que la vida cotidiana tiene validez.
Parte de la estructura puede proceder de compromisos ya existentes. Otros elementos quizá deban elegirse. Se podría concertar una conversación periódica, asistir a una actividad regular o reservar tiempo para investigar un posible rumbo. La elección debe ajustarse a las circunstancias y dejar suficiente flexibilidad para aprender de la experiencia. No tiene por qué demostrar que la transición ya ha dado lugar a una versión mejor de la propia vida.
Conviene observar qué actividades se aprecian por sí mismas y cuáles se realizan principalmente para construir un relato convincente de progreso. Esa distinción puede resultar incómoda, pero también útil. Una actividad no tiene que convertirse en un proyecto, una acreditación o un hito público para merecer tiempo. Durante una transición, la participación cotidiana puede aportar información sobre lo que interesa antes de convertirse en la base de un compromiso mayor.
Explicar el cambio de una forma útil para los demás
Las personas del entorno pueden seguir tomando como referencia una versión anterior de la función que se desempeñaba. Alguien con quien se trabajó puede pedir decisiones que ya no corresponden a esa persona, o un familiar puede dar por hecho que su disponibilidad ha cambiado de una manera que no se ha hablado. Una explicación clara puede ayudar a entender qué es distinto y qué sigue siendo importante.
Conviene centrarse en las expectativas prácticas. ¿Qué responsabilidades continúan? ¿Cuáles se han transferido? ¿Qué contacto es bienvenido y qué necesita organizarse de otra manera? No es necesario ofrecer una explicación personal completa a todo el mundo. Distintas personas pueden necesitar información diferente según su relación con el cambio.
Con alguien cercano, también puede ayudar expresar la incertidumbre. Se puede explicar que se están explorando opciones y que se agradecería poder conversar sin la presión de anunciar un plan definitivo. Esa petición indica a la otra persona cómo apoyar el proceso. Si tiene inquietudes, conviene dar espacio para escucharlas, especialmente cuando se ven afectadas responsabilidades compartidas. Una transición resulta más fácil de coordinar cuando se habla de sus implicaciones prácticas, en lugar de deducirlas únicamente a partir de un anuncio.
Explorar posibilidades sin convertir cada elección en permanente
Un rumbo desconocido puede ponerse a prueba mediante un pequeño compromiso. Se puede asistir a una sesión introductoria, contribuir a un proyecto acotado o hablar con alguien que conozca un ámbito que se está considerando. Conviene definir qué se espera aprender de la experiencia. La curiosidad es un propósito suficiente para una primera exploración; no requiere tener la certeza de que ese nuevo rumbo se convertirá en la siguiente identidad.
La escala debe ser adecuada a la pregunta. Si se quiere saber si una actividad despierta interés, se puede empezar participando en lugar de asumir un compromiso importante. Si se está considerando una función que afecta a otras personas, conviene hablar de las responsabilidades y las implicaciones prácticas antes de decidir. Una exploración reflexiva incluye las condiciones en las que la elección tendría que funcionar.
Después, conviene anotar qué llamó la atención y qué no. ¿La experiencia respondió a las expectativas? ¿Qué habría que comprender antes de continuar? Puede descubrirse que solo una parte de la idea resulta atractiva. Esa información es útil. Permitir que una opción se concrete puede ser más valioso que forzarla a encajar en una conclusión simplista: haber encontrado el propio propósito o no haber encontrado nada.
Dar cabida a la reconsideración dentro de la continuidad
Conviene fijar un momento para revisar la transición sin exigirle un juicio definitivo sobre la propia vida. Se puede considerar qué se ha aclarado, qué responsabilidades están resueltas y qué sigue necesitando atención. Quizá se decida seguir explorando, reforzar un compromiso existente o cambiar una organización que no está cumpliendo su propósito.
Si la incertidumbre o el malestar están dificultando la vida cotidiana, se puede considerar hablar con un profesional cualificado. Es posible describir la experiencia real sin acudir con una explicación o una etiqueta. Se puede buscar apoyo mientras el rumbo general sigue sin estar definido, y no solo después de haber resuelto cómo presentar la transición de forma ordenada.
La sensación de continuidad no requiere que todas las etapas se parezcan. Puede surgir de valores, relaciones y formas de participar que siguen siendo reconocibles mientras cambian las funciones. Conviene dar a esos elementos un lugar concreto en el presente. El siguiente rumbo puede ir aclarándose a través de la vida que se construye en torno a ellos, con cada decisión y cada conversación cotidianas.
Colaboración destacada
Abdullah Boulad
Fundador de THE BALANCE; entrevistado en la fuente
Conozca a Abdullah Boulad